Para comprar una botella de vino o un paquete de cigarrillos en Europa, hay que mostrar un documento de identidad. Eso tiene sentido: estos productos entrañan riesgos bien documentados para los menores, y basta con echar un vistazo rápido al documento de identidad de alguien para impedir la venta. Ahora imagina que ese mismo requisito se aplicara a cualquiera que abriera un navegador web para buscar Goya o el artículo sobre Ítaca. Ahí es hacia donde se dirigen muchos legisladores sin siquiera darse cuenta.
En los últimos cuatro años, una oleada mundial de leyes se ha decantado por una herramienta dominante para garantizar esa protección: la verificación obligatoria de la edad en las plataformas en línea. Australia ha prohibido por completo el acceso a las redes sociales a menores de 16 años. En toda Europa, países como España, Austria, Grecia e Italia, por citar solo algunos, están trabajando en la protección de la infancia en las plataformas para compartir vídeos y los servicios de redes sociales. En Bruselas, se espera que la presidenta de la Comisión Europea, von der Leyen, anuncie una ley de protección de la infancia a escala de la UE durante su discurso sobre el Estado de la Unión Europea el 16 de septiembre.
Todo el mundo está de acuerdo en que niños y niñas necesitan protección en Internet.
El instinto que lleva a restringir el acceso a algunos espacios en línea es comprensible y, en ocasiones, acertado. Sin embargo, una herramienta de este tipo —la verificación obligatoria de la edad— debería utilizarse en los rincones de Internet que presentan mayor riesgo, y no aplicarse de forma demasiado generalizada.
Proteger a los menores sin convertir la verificación de edad en una barrera general de acceso
La necesidad de moderación se entiende mejor a la luz de lo que significan en la práctica las medidas de verificación de edad. Una vez implementadas, incluso si se hace con los sistemas más sofisticados y que mejor protegen la privacidad (por ejemplo, las pruebas de conocimiento cero), una plataforma que actualmente no recopila datos de las personas usuarias sabrá más sobre ellas que antes. Aunque no quiera. Y eso significaría que ese artículo sobre Ítaca ya no sería accesible directamente para nadie, independientemente de su edad. Las medidas de verificación de edad suponen barreras adicionales al acceso al conocimiento, así como riesgos adicionales para la privacidad.
Además, conviene preguntarse hasta qué punto estas medidas cumplen realmente el objetivo que persiguen. Las personas jóvenes suelen desenvolverse en los entornos digitales con más soltura que muchos adultos y, en la práctica, no es difícil imaginar que algunos menores recurran a los sistemas de identificación de sus progenitores o busquen otros mecanismos para eludir las restricciones. Cuando esto ocurre, la medida puede no alcanzar plenamente el objetivo perseguido y el problema simplemente desplazarse a otro ámbito. El reto es evitar que una medida dirigida a determinados casos termine afectando al conjunto de las personas usuarias. Por eso resulta fundamental orientar los esfuerzos regulatorios hacia quienes generan o amplifican los riesgos para los menores, procurando al mismo tiempo no introducir barreras innecesarias para quienes simplemente acceden a contenidos educativos o de interés público.
No todos los espacios en Internet presentan los mismos riesgos
Igualmente, es necesario tener en cuenta la finalidad y los riesgos de un espacio en línea cuando los legisladores diseñan estas normas.
Desde el punto de vista estructural, Wikipedia y sus proyectos hermanos carecen de las características que hacen que otras plataformas supongan un riesgo realmente elevado para niños y niñas: no hay ningún algoritmo que empuje a las personas usuarias a seguir desplazándose por la pantalla, ni publicidad ni modelos de monetización de datos, ni mensajería privada, ni incentivos para amplificar o alojar contenidos sensacionalistas. El contenido educativo es moderado de forma transparente y pública por una comunidad voluntaria. Eso no significa que estén exentos de riesgos, pero se trata de un modelo fundamentalmente diferente al de las redes sociales comerciales. El riesgo es menor. La legistación debería reconocerlo y establecer protecciones específicas, tal y como se ha hecho en la legislación francesa y ha sido acogido favorablemente por el Tribunal Constitucional francés. Existen otros espacios similares en Internet, más allá de Wikimedia. Merecen ser fácilmente accesibles.
La necesidad de proteger a la infancia en internet está ampliamente reconocida. La cuestión es cómo hacerlo de la manera más eficaz y proporcionada, teniendo en cuenta las características y los riesgos de cada espacio. En este sentido, conviene valorar si la verificación de edad debe aplicarse también a quienes simplemente quieren consultar información sobre Ítaca, o si resulta más adecuado reservar este tipo de medidas para aquellos servicios que, mediante algoritmos, determinan qué contenido ve cada persona y durante cuánto tiempo.
Fuente: Wikimedia Europa


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